“El hombre en busca de sentido” de Viktor E. Frankl

“¿Qué libro me recomiendas para leer?” es la pregunta que escucho con frecuencia. Mi respuesta, casi siempre, es “depende.” ¿De qué depende? De cada persona. Hay una infinidad de géneros, estilos, temáticas, narración… No podría yo intentar adivinar los gustos de alguien. Creo y sostengo que, para meterte en el hábito de la lectura, debes encontrar por ti mismo lo que te gusta leer. Sí, las recomendaciones son un buen comienzo, pero sin experimentar diferentes géneros, estilos y autores, simplemente no se puede.

Pero como todo en la vida, hay excepciones. Este libro, sin importar quién pregunte, lo recomendaría siempre. Son temas delicados, sensibles, profundos… pero no es difícil de seguir, las palabras del doctor Frankl sabrán llegar al corazón de todo lector.

Me gustaría hablar un poco sobre el contenido del libro, pero no lo voy a hacer. Verdaderamente creo que vale la pena abrirlo, sorprenderse y disfrutarlo página tras página. Más bien, quiero hablar de la carta que hay debajo del libro en esta foto.

Esa carta nunca la entregué. Una vez que terminé el libro, se lo regalé a alguien que estaba convencida necesitaba leerlo. Sin mucho detalle para sobre guardar la intimidad, este libro sería la fuente de mil lágrimas a la persona a quien se lo regalé.

A veces la vida nos presenta situaciones que creemos no saber cómo lidiar con ellas. Sentimos que la vida se nos cae encima y perdemos el rumbo, o peor; la esperanza. Mientras leía el libro, hice una visita para hablar con esta persona. Quería que se desahogara de las desdichas que le ha traído la vida recientemente, pero en vez de eso, se quejó. No pudo desahogarse porque contenía las lágrimas, hablaba con enojo y con dificultad, pero no se permitía llorar. No la juzgo para nada, admiro su fortaleza.

Tal vez llore sin compañía, o tal vez sienta que lloró ya lo suficiente. Pero estaría en desacuerdo. No me atrevería a decirle que llorara y que desahogara sin pensar en nadie más que en su bienestar. Cada uno lidia con su dolor de manera única y personal.

Por eso no entregué la carta – la rompí. Pensé que, con darle el libro, se guiaría con las marcaciones que hice sobre las palabras del autor y que con eso ella encontraría el consuelo que mejor le haga.

Es ese el poder que tiene este libro – me quitó a mí las palabras para facilitar mi manera de apoyar a alguien a quien quiero infinitamente.

Foto 11-4-18 11 01 20 a. m.

Manos Literarias 4/11/2018

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