
A mí nadie me pregunta de dónde vengo o hacia dónde voy. Me extiendo en completa libertad, siguiendo la carretera de un cielo azul mientras gozo del paisaje. Tú me admiras cuando me ves pasar, me sigues, me fotografías, y logro hasta dibujarte una sonrisa antes de marchar. Después, tú continúas con tu vida y yo sigo mi camino. Lo conozco bien y voy siempre acompañada. No tengo más guía que la vida misma, pues para eso estoy hecha. Cruzo sin preguntar, sin papeles, sin interrupción, pero siempre con seguridad. Cruzo sin ningún problema, cruzo sin pensar, cruzo siguiendo mi instinto. ¿Por qué alguien me impediría mi cruce natural? En el cielo no hay tal autoridad, yo cruzo la distancia infinita del cielo, la misma que sobre la tierra lleva límites. Esos límites son líneas violentas, líneas largas y líneas inútiles. Los de abajo las llaman fronteras. Yo cruzo el cielo, de Sur a Norte y de Norte a Sur e ignoro sus fronteras, tengo pase directo por no pertenecer. Y como yo, hay miles más. Y como hoy, siguen muchos días más. Conocemos bien el camino, aunque la ruta cambie. A veces encuentro bloques grises en vez de los árboles a los que estoy acostumbrada, pero sigo mi camino. Sigo siendo dueña del camino propio, sigo escapando del frío buscando un entorno cálido. Cruzo una y otra vez aquel cielo que sin trazos tú ves.
Paula Tece 8/3/2020