
Viejo amigo, si hubiera querido decírtelo de frente, lo habría hecho. Pero no es así, escribí una carta abierta porque necesitaba yo desahogarme y pasar este trago amargo. Hablar contigo ya no es lo mismo. Ahora intercambiamos palabras vacías, más por cortesía que por interés. Te llamo viejo amigo porque ahora somos nuevos conocidos. Porque, aunque te conozca bien, nos privaste de seguir compartiendo momentos juntos. Fuiste tú el que puso esta distancia entre nosotros. Nunca supe por qué. Cuando te lo pregunté, no contestaste, y cuando tuviste oportunidad, no hablaste. Cada día que pasa hay más distancia y, aunque no parezca, a mí me duele. Tú no notas lo distante que me he vuelto contigo desde que te distanciaste. Y si lo notas, no te importa.
Ojalá supiera de dónde te nació la necesidad de poner esta distancia entre nosotros. Si lo supiera, tal vez habría forma de arreglarlo. Si me hubieras dicho lo que pasaba, me habrías dejado en claro que para ti valía la pena arreglar aquella amistad. Pero no fue así. Te alejaste cuando y como tu quisiste, haciéndome completamente a un lado. Alguna vez te dije que notaba tu distancia, y tú no me diste importancia. Por buen rato, lo intenté. Intenté reducir esa brecha que estabas creando y no me lo permitiste. Así que también empecé a dejar que esa distancia creciera, no por venganza o rencor, sino porque no tenía por qué mendigar por tu cariño. Ya lo acepté. Aunque me duela perderte, viejo amigo mío. Ojalá hubiéramos peleado, porque entonces tendríamos la opción de limpiar las asperezas – de reconciliarnos. Pero nunca tuvimos ese intercambio de palabras, solo tuvimos tus miradas de indiferencia y las mías de confusión. Te fuiste de nosotros sin aviso, sin explicación. No sé si fue un acto de cobardía o uno de desinterés… pero te fuiste.
Como cualquier otra relación, una amistad se cuida, tal y como has cuidado otras. Pero la nuestra la descuidaste. Yo creo que es evidente, a mí me cuesta muchísimo abrirme con la gente. Generalmente toma tiempo el que yo pueda compartir, pues soy cuidadosa con mi privacidad y me tomo mi tiempo escogiendo a las personas que quiero cerca. A ti te adentré en mi vida con facilidad, porque me parecías diferente, genuino. Como mariposa en vuelo, abrí mis alas creyendo que contigo iba a volar. Y por eso me duele tanto esta distancia – porque me equivoqué contigo. Te confié tantas cosas, te compartí tantos sueños, te invité a tantas aventuras, te escuché tantas experiencias… Pero por algo dicen que lo que rápido empieza, rápido termina. En tan poco tiempo sentí que llegué a conocerte bien. O al menos eso creía. No sabía que eres de esas personas que se alejan sin explicación. No me cabe duda de que, para ti, yo siempre fui buena amiga. Nuestras personalidades se combinaban tan lindo, era todo tan espontáneo, natural, genuino, que no logro entender qué pasó. Las excusas sobran y las explicaciones ya no me faltan. Pero así, desde lejos, te digo que no fue un error nuestra amistad. Aprendí de ti y también de mí. Me alegro por tus logros. Siempre lo haré. Espero que estés bien. Hoy y siempre. Siempre querré lo mejor para ti. Aunque yo no esté ahí.
Paula Tece 29/06/2019