La Batalla del cinco de mayo (1862)
Muchos no saben por qué se celebra el 5 de mayo. Es más, ni siquiera en otros estados de México se conoce la historia de aquella Batalla de Puebla del cinco de mayo de 1862. Ni en Estados Unidos, aunque los chicanos (mexico-americanos) hayan adoptado la fecha en los sesenta para celebrar la etnicidad. Hoy día, es un pretexto para “comer tacos y tomar margaritas” pero en realidad, es un día para conmemorar un hecho histórico.
Todo empezó cuando el presidente Benito Juárez anunció las dificultades para pagar la deuda externa que México tenía con Francia. De ahí Napoleón III intentó invadir México con intenciones de conquista. La estrategia habría de empezar en el estado de Veracruz y sucesivamente en el estado de Puebla para llegar a la capital. Las fuerzas militares francesas eran superiores en número de tropas, equipamiento y entrenamiento a comparación de los mexicanos. Sin embargo, la Batalla que se dio en Puebla, fue una tremenda victoria para México, y así es como se pudo aplazar la invasión francesa por lo menos un año, antes de que el archiduque Maximiliano de Habsburgo tomara el poder.
Esta victoria fue un golpe grande para México, pero también para el continente americano en general. En Estados Unidos estaban luchando su propia Guerra Civil entorno a la esclavitud y libertad, así que la Batalla de Puebla fue una victoria para ellos también, porque impidió que las fuerzas francesas llegaran hasta Estados Unidos para intervenir e influenciar, como se sospecha que Napoleón III tenía planeado.
La Batalla de Puebla fue una sorprendente victoria que marcó la historia de México, pero sobre todo, la historia del estado de Puebla. Como Poblana, me enorgullece conocer la historia del cinco de mayo, y por ende, me emociona también compartir este poema de Rafael Cabrera, acompañada de Pasita, el licor típico de Puebla.

POR LOS HEROES
(5 de mayo de 1862)
Que los odios escondan sus puñales:
ya no turban las Aguilas Triunfales
el cielo azul con su valor sonoro;
no es hora de la injuria para Francia,
que en su divina copa nos escancia
con risa fraternal su vino de oro.
Calle el rencor amargo y palpitante…
Pero que surja el himno desbordante
hecho de gloria y luz y sangre fiera,
el himno por los héroes ignorados,
que cayeron convulsos y apretados,
saludando, al morir, a la bandera;
que se eleven los salmos victoriosos,
y que formen los versos clamorosos
heroicas y marciales cabalgatas;
y, al aire los invictos pabellones,
que finjan las estrofas escuadrones
con altivos penachos escarlatas.
Fantasmas de los héroes ignorados
que al veros por nosotros olvidados
fuisteis a sepultar, meditabundos,
vuestro dolor, entre las agrias rocas
donde sacuden las tormentas locas
su melena de rayos iracundos;
plebeyos que en la lucha de aquel día
caísteis sin un grito de agonía
para siempre jamás en el Acaso,
mientras la tarde rubia y soñadora
mezcló con vuestra sangre redentora
la púrpura y el oro del ocaso;
hermanos de las águilas salvajes,
¡oh! Fantasmas de pálidos ropajes;
perdón porque os borramos de la Historia;
perdón, porque en la paz en que vivimos
llena de ingratitud, aún no esculpimos
ni un mármol que eternice vuestra gloria!
Perdonadnos, ¡oh! Sombras peregrinas…
Y como en esta tarde, en las colinas
done os sonrió la Patria soberana,
agitad vuestros viejos estandartes
y coronad de nuevo los baluartes
al toque jubiloso de la diana;
y oíd… Vengo a deciros que no es cierto,
que no ha muerto el honor ni la fe ha muerto;
que anhelamos fecundas redenciones,
que creemos en todo lo que asciende,
y en el Dolor que en nuestras almas prende
la luz de las eternas rebeliones;
que por ver a la patria noble y fuerte
triunfadora del Tiempo y de la Muerte,
sabremos sacudir los patriotismos,
y conmover los ímpetus viriles,
y consagrar los pechos juveniles
con la sangre de viejos heroísmos…
Y al volver de las épicas jornadas
alto el airón y rojas las espadas,
las novias, las amantes, las esposas
irán a recibir a los tropeles,
bajo un bosque armonioso de laureles
y sobre alfombras líricas de rosas…
Guerreros del ayer, sednos propicios;
encumbrad nuestro espíritu, Patricios,
que no ha muerto el honor, ni la fe ha muerto,
y sed bajo los cielos tutelares
inmensos y perennes luminares
que marquen nuestro rumbo en el desierto…
Alentadnos con soplos soberanos,
y que fulminen vuestras puras manos
al que en vez de luchar module un lloro…
y arrojad en los surcos las simientes
que tornarán los campos florecientes
y mañana serán espigas de oro.
Y, ¡oh! Sombras de los héroes ignorados,
volved a vuestros riscos escarpados,
volved a las regiones turbulentas
donde os cantan los vientos fugitivos,
y os contemplan los astros pensativos,
y os dicen su plegaria las tormentas…
Volved a la empinada serranía,
volved tranquilos… Y si acaso un día
vende a la Patria la podrida Corte,
y se desbordan fuertes y pujantes
agostando los campos verdegueantes
las hordas de los bárbaros del Norte,
bajad entonces de la aguda sierra,
lanzando al aire una canción de guerra…
Y en el combate memorable y rudo
éste el grito será de los tropeles;
abrumar a la Patria de laureles,
o volver al hogar sobre el escudo!
Rafael Cabrera
Referencia:
Cabrera, Rafael. “Por los Héroes.” Antología Poética de Puebla, compiled by Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla, 1981, pp. 72-75.
Comité Directivo Estatal de Aguascalientes. “5 de Mayo de 1862. Aniversario de la Batalla de Puebla” [“5 de mayo of 1862. Anniversary of the Battle of Puebla”]. PRI Aguascalientes, 5 May 2015, http://www.priags.org. Accessed 4 May 2017.
Manos literarias 05/05/2017